El “apagón cultural” fue la consecuencia
de una oleada de mediocridad y conservadurismo que asoló
el ambiente nacional. Sin embargo, la respuesta de la sociedad
se haría ver en la década del ’80 con la
irrupción de expresiones subterráneas que, eludiendo
el Toque de Queda y la ausencia de espacios de participación,
emergieron desde el subsuelo, desde los bajos fondos, desde
el margen de lo permitido, y se aglutinaron en torno a (a lo
menos) dos grandes vertientes de expresión: la vertiente
“alternativa”, que recogió antiguos discursos
político/culturales de la izquierda chilena, y otra vertiente
que podríamos llamar “rupturista” (el término
es tan arbitrario como el de “alternativo”; esperemos
que un debate posterior aclare y sistematice más estas
terminologías) en la cual podemos agrupar expresiones
que, desafiando la cultura e ideología imperantes, rompieron
con el discurso partidista de la izquierda y abrazaron las nuevas
tendencias de la contra-cultura urbana de occidente: el Punk,
el Undergrownd, la New Wave, el Rock. Fiskales Ad-Hok (1986)
y Los Prisioneros (1984), dos de los grupos musicales que reflejan
el surgimiento de respuestas “rupturistas” o de
contra-cultura
Imagen de uno de los primers video-clip de Los Prisioneros.
Material cedido por Enzo Blondel
Estas expresiones comienzan a hacerse fuertes a mediados de
lo ’80, lideradas fundamentalmente por bandas musicales,
en manifestaciones colectivas que se tradujeron en grafittis,
fiestas, performances, obras de teatro y tocatas musicales.
Imágenes de “Hipólito”,
puesta en escena-performance de Vicente Ruiz, (diciembre de
1984, sala El Trolley).
Actuaron Jacqueline Fresard, Consuelo Castillo y Sigfried Poolhamer
entre otros. En la música estaban Javiera y Angel Cereceda
(actuales Javiera y Angel Parra).
Fotogramas extraídos del video registro de Hipólito,
cedidas por el realizador audiovisual Enzo Blondel.
Imagen de una performance
Registrada por Enzo Blondel
De la
mano de estos grupos y desde las “alcantarillas” de
la noche santiaguina emerge además un nuevo tema social:
el homosexualismo. En pocos años, gays y lesbianas se harían
visibles, fuertes y organizados, y sumarían sus demandas
a las del resto de la sociedad por recuperar, y en su caso, por
construir una sociedad democrática más tolerante.