Desde su inicio, el régimen militar sentó las
bases de una política de represión y exterminio
de militantes y dirigentes de la depuesta Unidad popular, y
de todos aquellos que mostraran la voluntad de oponerse a su
esquema dictatorial de poder. A los fusilamientos sumarios de
los primeros días se sumaron rápidamente las torturas,
los campos de concentración, los secuestros y las desapariciones.
Estos hechos fueron rápidamente conocidos y repudiados
por la comunidad internacional, pese a ser sistemáticamente
negados por los representantes de Chile ante las Naciones Unidas
y otros foros internacionales. La situación internacional
no era necesariamente inmanejable debido a la simpatía
que despertaba en los sectores anticomunistas de occidente el
que nuestro país hubiese “derrotado al comunismo”
y que además nos entregásemos a políticas
económicas abiertamente neo-liberales. Sin embargo, la
dictadura cometió un error de cálculo en la estrategia
de exterminio de opositores: en 1976 se decide organizar el
asesinato de Orlando Letelier, ex-canciller del gobierno de
Allende. Letelier vive en Washington DC, de manera que el asesinato
debía hacerse al interior de los Estados Unidos. Finalmente
la operación resulta todo un éxito, solo que junto
a Letelier muere su secretaria, la estadounidense Rony Moffit.
El gobierno norteamericano decide entonces tomar cartas en el
asunto.
El final de la década del ’70 estuvo marcado por
la investigación llevada a cabo por un fiscal de los
Estados Unidos para dar con los responsables del asesinato en
Washington del ex-canciller del gobierno de la Unidad Popular,
el socialista Orlando Letelier. Eugene Propper, el fiscal norteamericano,
llega a la conclusión que el asesinato había sido
planeado por la Dirección Nacional de Inteligencia de
Chile (DINA) y solicita la extradición a los Estados
Unidos de su director, el coronel de ejercito Manuel Contreras.
Los tribunales de justicia inician una investigación
sumaria para determinar si procede dicha medida. Finalmente
Contreras es favorecido con el fallo de la Corte Suprema de
Justicia que deniega la extradición.
Manuel Contreras, ex jefe de la DINA,
junto al general Pinochet, su jefe directo.
(foto aparecida en http://siglo20.tercera.cl)
Pese
al “triunfo” legal del gobierno al dilatar y finalmente
“diluir” el caso en las cortes chilenas, el costo
político internacional fue de tal envergadura que las relaciones
chileno-norteamericanas nunca volvieron a ser las mismas. Estados
Unidos establece una sanción contra el Estado chileno que
implicó la prohibición de ventas de armas a nuestro
país prácticamente hasta el fin del gobierno de
Augusto Pinochet. Sumada a esta acción se encuentran todas
las sanciones internacionales exigidas por numerosos países
europeos en contra de la política represiva del estado
chileno. La solución ideada por el gobierno para aminorar
las críticas internacionales se centra en dos medidas,
la primera de las cuales consistió en la disolución
de la DINA y su reemplazo por la CNI (Central Nacional de Informaciones),
organismo netamente “técnico”, dedicado exclusivamente
a labores de inteligencia y no a labores represivas [9].
La
segunda respuesta a las demandas internacionales fue la liberación
de los presos políticos que permanecían en los centros
de detención, tortura y desaparición que mantenía
el régimen militar, proceso regulado por la dictación
de una ley amplia de amnistía [10]
. Ninguna de las dos medidas permitió al régimen
recuperarse del descrédito que ya había acumulado:
si bien el estilo de la CNI no incluía el reeditar las
atrocidades cometidas por la DINA de Contreras, seguían
produciéndose detenciones arbitrarias, muertes y desapariciones
[11].
Emblema de la DINA
[ 9] Esta
medida se había tomado en agosto de 1977, cuando ya estaban
muy tensas las relaciones con Estados Unidos a propósito
del crimen de Letelier.
[10] El 19 de abril de 1978
se da a conocer el texto de la ley de amnistía para todos
los crímenes cometidos en el país entre el 11 de
septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1978. Se exceptúa
el proceso por falsificación de pasaportes del caso Letelier
(fuente: sección CHILE EN EL SIGLO XX del sitio http://siglo20.tercera.cl/index.htm).
[11] La CNI ha sido identificada
como la culpable de una enorme cantidad de torturas y asesinatos
desde su creación el año 1977. El último
asesinato político de la dictadura militar fue el del dirigente
político del MIR Jecar Neghme, pocos meses antes de las
elecciones del que sería el nuevo gobierno civil, el 3
de septiembre de 1989, a 12 años de la creación
de la CNI.